Razonar la norma jurídica a partir de modelos lógicos informales y estructuras preponderantemente literarias.
Los brevísimos, relatos que no exceden de una página de extensión y que cuentan una historia perfectamente bien estructura pero que bien puede dejar cosas a la imaginación, funcionan más allá de la simple literatura en la que natural y originalmente viven: el abogado que es listo sabe que en la narración de los hechos dentro de su escrito inicial de demanda requiere de una precisión no menos que quirúrgica para la hora de mencionar los sucesos que, junto con el Derecho invocado y las pruebas ofrecidas, habrán de constituir la materia de rebatinga dentro del juicio que al punto se instaure.
Es por lo anterior que yo creo que la tarea autodidacta del letrado que se dedica a la postulancia debe centrarse en la construcción de las también llamadas microficciones, dado que en el pensamiento que se desarrolle en estos ejercicios, liberalidades que llaman a jugar a la imaginación, reside la verdadera magia de saber plantear la esencia misma del litigio ante el tribunal, además de que, a nivel personal, el dominio de esta misma habilidad le dota de otra categoría: el hombre no solamente es litigante sino que también tiene dotes de narrador.
De mirarse y admirarse todas las veces que esto se posible, porque en estos tiempos de inmediatez y prefabricación de todo ello viene siendo una completa maravilla.
Todas las horas de la noche reúnen el olvido programado por las olas sintéticas de la música electrónica y hacen que lo ya escrito sobre el papel adquiera las más caprichosas formas corpóreas y lentamente se difumine junto con el humo del tabaco que absorbe mecánicamente el extractor de aire.
Y mis perlas de sabiduría de esta bonita noche establecen que… “Mujer que vota por Peña Nieto, mujer básicamente misógina”. He dicho.
¿Quién fuera el deseo para tomar lo que no es suyo y usar al amor de pretexto para todo?