Aunque sigue siendo un lugar fundamentalmente de trabajo, digamos que también hay espacio para las intimidades. Bueno, nada más tantitas.

Doscientos treintaicinco

Antes que ser buenas o malas (así, a secas), las narcotelenovelas son el reflejo de cómo idealizamos a los chingones en América Latina, muy en especial en México.

Queremos ser esos cabrones que van y se burlan de la ley y de las costumbres, que tienen las viejotas y las trocas que apantallan, que cagan varo y con la misma facilidad se lo gastan. Lo que se llama vivir con molicie, pues. Aunque seamos unos pinches nacos del tamaño de un asteroide, aunque la economía y la política estén cada vez más lejos de los parámetros éticos en las personas con poder de decisión en estos rubros, aunque nuestra vida sean los celulares inteligentes y las imágenes bonitas.

Nel, la verga: nosotros queremos ser y parecer y tener y ostentar, A COSTA DE LO QUE SEA.

Además de que, en nuestra calidad de espectadores, exigimos superproducciones tan espectaculares como las de la televisión americana, quesque para no sentirnos tan del Tercer Mundo, ¿ajá? Porque ya sabemos del poder económico y político de las televisoras grandes, así que con menos no nos podemos conformar.

Por eso se recurre a ese formato: efectista y dador de público cautivo.

Se pudiera hacer un esfuerzo más digno y comprender muchísimo mejor este fenómeno si se le apostara a una ficción más rigurosa, más precisa, más incisiva y más fiel al fenómeno al que se alude, el cual no es otro que el de la historia del narcotráfico en la representación de sus principales protagonistas. Las escenas de violencia y sexo explícito quedarían plenamente justificadas y se haría un hincapié genuino en las causas y consecuencias que se desencadenan en razón de este fenómeno. Los actores podrían sumar esos papeles a la sección del currículum con el rubro “Proyectos que valen la pena”.

Pero no.

Quede en la moralidad de cada cadena reflexionar sobre este punto y decidir si, incluso siendo una señal comercial (abierta o de paga), desea activar las funciones de diálogo y aprendizaje en su teleaudiencia.

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medievalpoc:

Stefano Della Bella

Playing Card Prints Featuring Nations of the World

Italy (c. 1640s)

From Jeu de la géographie

Featured here are Brazil, Mexico, Chile, China, Armenia, Sumatra, Mauritania, The Barbary Coast, Numidia, and Canada.

Nations or continents were often personified this way in European art from the 1600s and 1700s, evolved from the trend of “Allegories of the Continents" and costume design books that were already popular. Over time, these depictions changed from viewing "far away lands" almost from a fantasy perspective during the Medieval Era, to those like the above which practically seem like ads for mail-order brides.

The representation of the these geographical regions as women, frequently partially nude and definitely sexualized, reflect how these regions were viewed in the European imagination-ripe for “conquer”. Many European artists in the 1600s and 1700s were commissioned to travel to various colonized nations and create works featuring the people, plants, animals, and attributes of the region in order to drum up enthusiasm, and more importantly, funding, for these “projects” overseas from the wealthy elite of Europe.

Female bodies being used to further these aims and promote the idea that these nations were full of sexually available women and opportunities to make unheard-of amounts of money can also be seen in the works of Albert Eckhout and his portraits of the peoples of Brazil. The peoples of Africa and the Americas were often also depicted as degenerate either morally or culturally, in attempts to also elicit the fervor of missionaries and other colonizing forces.

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Doscientos treintaitrés

El problema con la inspiración no es que no venga,  sino que cuando viene llega muy en bruto,  y entonces hay que pulir la idea y pasarla por dos,  tres y hasta cuatro filtros diferentes,  tanto en el papel del borrador como en el documento en pantalla.

Palabras repetidas que se cercenan,  ideas cuyo carácter incendiario se ve mermado para no dar la pinta de ser un grosero,  párrafos con una flexibilidad para estirarse o contraerse que ya quisieran tener consigo los mejores gimnastas y contorsionistas.

Para quienes no tienen mayor complicación con esto,  una corrección o una adición vienen siendo lo más natural del mundo;  para quienes tenemos un serio problema con el carácter estético y funcional de la escritura,  pensando en todo momento que lo cavilado debe entenderse a cabalidad y sin dar motivos para refutaciones posteriores,  la verdad de las cosas es que este asunto se vuelve una pesadilla.

Ni modo.

Todo sea por escribir,  y hacerlo de la mejor manera posible.  ¿No me equivoco,  cierto?